Es febrero, el mes del amor Un mes entero dedicado a Cupido y sus travesuras, así que en medio de tanto rosa y tantas cursilerías, porque quien me conoce sabe que cursi, no soy, me decidí a contarles durante este mes, algunas cosas interesantes sobre mi vida con respecto al amor.

Soy escritora del género romántico, debería tener algunas anécdotas o recuerdos románticos interesantes ¿No?

Pues sí, las tengo.

Tengo recuerdos como Stalker, no radical, obviamente, pero sí que los tengo. (En este momento tengo memoria selectiva, lo que me hace pensar que me convertí en detective privado —suena más bonito que Stalker— y no de uno, sino de varios).

Pero bueno, no les pienso contar todas las tonterías que hice en mi adolescencia, que tengo una hija, que algún día leerá esto y hay que guardar ciertas apariencias.

Había un chico en mi colegio, mucho mayor, por cierto, que me traía loca y yo soñaba con él día y noche. Por supuesto, me sabía todo de él.

Todo.

Su número de identificación, su dirección, nombres y apellidos, el nombre de cada uno de los integrantes de su núcleo familiar, quiénes eran sus amigos, de hecho, conseguí hacerme amiga de sus amigos para poder acercarme a él pero mi plan no funcionó.

Así estuve varios años.

Ese chico era lo primero que pensaba al despertar y lo último que pensaba al dormir.

¿Así como cuando Brad Pitt se convierte en nuestro amor platónico? Bueno, a mí me pasaba igual. (Y confieso que todavía me pasa… con Brad, digo, no se confundan  )

La vida seguía adelante y con ella, las desventuras del amor porque cada vez me sentía más alejada de ese personaje que me robaba el aliento día tras día porque sencillamente para él, yo no existía. Nunca notó mi presencia —o se hacía el loco—, eso quedó como una incógnita que jamás será aclarada.

Ni siquiera años después cuando, POR FIN, tuvo la decencia de hablarme por iniciativa propia y yo, casi muero… del desencanto, porque no era nada —pero nada— cercano a lo que yo me imaginé que sería una conversación con él.

Así que en cierto modo, razones de sobra tenía la vida para mantenerme alejada de él.

Mi primer crush de la vida real, ¡qué recuerdos! ji ji ji

Por ese entonces, en la urbanización en la que vivía desde los ocho años; un lugar alejado de la ciudad que, en 1988 era monte y culebra, —como dirían en mi tierra—; vivía también él.

No mi crush, no; pongan atención porque les hablo del que se encargó de marcar un primer beso en mi vida.

Con mi vecino, siempre mantuve una relación de amor-odio a todo trapo. De las intensas, de las que desde el principio son agotadoras.

No lo podía ni ver.

Y todo empezó con su mascota de aquel momento; cachorra y muy juguetona que se le escapó alguna vez mientras la paseaba por la calle en la que vivíamos. Yo, entonces, les tenía pánico a los perros y al ver el animal suelto, corriendo y brincando encima de todos, corrí despavorida al interior de mi casa con la perra pisándome los talones; yo creyendo que me iba a comer, y la perra queriendo jugar.

Por supuesto, para mí, la irresponsabilidad de ese ser humano sobrepasó todos los límites de mi amabilidad y, desde entonces, no podía ni verlo porque era producto de los dolores de cabeza más intensos que jamás me dieron.

Pfff.

Insoportable.

Más insoportable aun cuando él trataba de acercarse a mí y yo tenía que hacer un despliegue colosal de antipatía para que entendiera de una buena vez —y por todas— que no estaba interesada en él ni en nada que viniera de él.

Pero la vida, queridos lectores, siempre nos va jugando bromas, ¿verdad?

Y así como mi crush del colegio nunca me hizo caso, mi vecino de aquel momento no desistía en su tarea de acercarse a mí.

No perdía la oportunidad de dedicarme una sonrisa traviesa y bromas que me jugaba que, ahora yo, con casi 40 años, entiendo que era su manera adolescente de conquistar a una chica, pero en aquel momento, era lo más cercano al ser más insoportable del mundo mundial.

Debo admitir que su persistencia era admirable. Yo no habría sido ni la mitad de persistente que él fue después de todos los desplantes que le hice.

No, no pasa solo en las novelas.

Siguió insistiendo, hasta que las hormonas empezaron a hacerme sentir otras cosas. No piensen cosas anticipadas que, a esas alturas, éramos bastante inocentes —o por lo menos yo lo era—.

Empezó a robarme besos fugaces al saludarnos o al despedirnos dentro del grupo de amigos que teníamos en común y como era de esperar, empezaron los sentimientos a nacer.

Los amigos empezaron a dejarnos más tiempo a solas.

Y ya sabemos que del odio al amor hay solo un paso, ¿no?

Pues bueno, eso.

No recuerdo exactamente el cuándo de ese primer beso en mi vida. Pero sí, el cómo 

Fue sorpresivo. Estoy segura de que tuvo que planearlo así porque si no, no me habría dejado besar.

Lo había intentado y yo evadía el momento de innumerables maneras.

Por supuesto, me dejó descolocada. Olvídense de las hormonas y sus influencias. No había connotación sexual en ese beso; nunca antes lo había analizado como ahora pero fue un beso suave y dulce.

Como los que recitamos los escritores en las novelas de adolescentes o en esos besos que nuestros protagonistas adultos se dan por primera vez.

Un beso que abrió mis sentimientos y que me sumergió en las profundas aguas del romance.

Después, seguimos manteniendo una relación de amor-odio que nos llevó a conservar recuerdos —buenos, y no tan buenos—, rupturas y reconciliaciones; yo reconozco que no tenía un carácter fácil (no lo tengo todavía  pero ahora, he aprendido a dominarlo —o eso quiero creer—) y cuando él se cansó de mi carácter y de mis desplantes, fue cuando me di cuenta de lo perdidamente enamorada que estaba.

Una historia que siguió adelante, tuvo su momento cumbre y luego terminó porque así estaba marcado.

«No todo termina como en las novelas, sin embargo, la magia del romance siempre nos acompaña como les ocurre a esos personajes que nos atrapan y nos permiten disfrutar de sus idílicas historias a través de las letras» —Stefania Gil—… Clic para tuitear

Ahora, cuéntame tú en los comentarios: ¿Cual fue tu primer crush y cómo fue tu primer beso?
Me muero de curiosidad ji ji ji

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¡Hasta el siguiente love-post!

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2 thoughts on “Love Post: Primer crush y primer beso”

  1. MI primer Crush y el primer beso fueron con la misma persona, fue un flechazo, inoscente pero flechazo…
    Vacaciones de Julio 1988, en Uruguay solian haber dos semanas de vacaciones en invierno (no se si aun es esa cantidad de tiempo ) y nosotros como familia nos fuimos de viaje, el itinerario era recorrer Miami y Orlando, ademas de un crucero por las Bahamas… para esa fecha yo tenia 13 años recien cumplidos y estaba super feliz con mi primer viaje a los Estados Unidos. Lo estabamos pasando “bomba” en todos los paseos, y juegos en Disney World los primeros 10 dias de viaje por “tierra firme” pero ya se avecinaba el final del viaje con la cerecita de la torta, un crucero.
    Pasariamos los ultimos cuatro dias en oceano abierto, y recorriendo un par de islas…
    Primer dia de crucero, ni bien subimos nos instalamos en nuestros camarotes (eran dos contiguos, mis padres en uno, mi hermano y yo en otro) luego de eso mi hermano y yo salimos a recorrer el barco, que ya habia zarpado, habiendonos pasado toda la tarde del primer dia en actividades de recreacion, era hora de aprontarse para ir a cenar. Al llegar al comedor teniamos asignada una mesa para 8 personas que compartiamos con una familia brasilera tambien de 4 integrantes, y ahi fue donde conoci a Luis, el tenia la misma edad que yo, cuando lo vi me parecio un chico muy guapo y nos pasamos la cena mirandonos a hurtadillas sin que nuestros padres (en teoria) lo supieran, pero nosotros muy discretos desaparecimos de la mesa casi al mismo tiempo… esa noche me acuerdo que estaba mirando la maravillosa luna llena sobre el oceano, cuando el se acerco a mi desde atras, me susurro en el oido y me abrazo, ambos mirando la luna. El me hablaba en portugues, yo le respondia en español y asi nos entendiamos muy bien… en un momento mientras estabamos hablando muy cerquita uno del otro, en la cubierta del barco, completamente solos y a la luz de la luna… me beso, el beso mas inocente, dulce y tierno, a partir de ahi no nos separamos mucho, solo cuando nos ibamos a dormir. Asi que lo haciamos todo juntos, fuimos a la playa, hicimos snorquel, caminatas por la orilla (siempre con nuestros padres cerca, o los de el o los mios) y a la hora de cenar me pasaba a buscar por el camarote. En el barco teniamos mas libertad, nos moviamos por el barco sin escolta.. jajaj.. y siempre al terminar de cenar yo me iba a cubierta a esperarlo, que dejaba la mesa unos minutos mas tarde.

    Esta fue una experiencia que aunque breve, me se marco en mi recuerdo como tatuaje a fuego.

    1. ¡Qué lindo recuerdo, Claudia! Y súper romántico. Muchísimas gracias por compartirlo, con ese detalle que lo hace meterse a uno en el momento.

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