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Ida Cook, heroína gracias a la ficción romántica

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Mañana es 8 de marzo Día Internacional de la mujer y no se me ocurre mejor fecha para presentarte a una mujer arriesgada, que luchó por ayudar a refugiados judíos con los recursos económicos generados por su escritura y publicación en la ficción romántica.

Yo no sabía de la historia de esta fascinante mujer hasta que, un día, en mi incansable navegar por la web, me topé con un artículo de Bookbub en el que hablaban sobre ella; y al ponerme a investigar más, encontré a una mujer amante de la ópera y de la ficción romántica, con un corazón noble y compasivo; y esta mezcla en Ida Cook, dio como resultado la ayuda económica a muchos refugiados judíos que escapaban de las persecuciones de los Alemanes.

Un poco de la historia de Ida Cook

Ida Cook nació en 1904 en Sunderland, Inglaterra.

Pertenecía a una familia de clase media y tenía cuatro hermanos.

Su familia se trasladó a Londres cuando Ida tenía apenas dos años y Louise, su hermana mayor, tenía cinco.

La complicidad entre hermanas era total y sus vidas en Londres transcurrieron sin sobresalto, siendo señoritas de bien y una vez finalizado el colegio, ambas encontraron trabajo en la Administración local.

A pesar de que era la época en al que la juventud trataba de devolverle a Londres la alegría que perdió debido a la Primera Guerra Mundial, Ida y su hermana parecían mantenerse alejadas de esa «alegría juvenil» para descubrir —y dejarse seducir— por la ópera.

El momento «revelación» para Ida y Louise.

Fue en 1923 en un gramófono de Madame Butterfly, interpretado por Amelita Galli-Curci que Ida y su hermana Louise descubrieron la ópera y, desde ese momento, se convirtió en una pasión compartida que las llevó a comprar discos, todos los que pudieron y cuando ya estos no llenaban las expectativas, decidieron empezar a ir a las representaciones en directo convirtiéndose en asiduas del Royal Opera House donde disfrutaron de las representaciones de Madame Butterfly, La Traviata, Rigoletto.

Y en donde siempre se quedaban esperando a que la suerte las acompañara para dejarles conseguir una autógrafo o una foto de los cantantes.

La suerte fue mucho más benevolente con ellas porque no solo obtuvieron fotos, autógrafos, si no que además, consiguieron conocer en persona a los cantantes.

Sin embargo, a Amelita Galli-Curci, quien era especial para ellas, no habían podido escucharla en directo y cuando se enteraron de que iba a actuar en Nueva York, decidieron que no podían perdérselo por lo que elaboraron un plan de ahorro para viajar a los Estados Unidos y, también, le enviaron una carta a la soprano contándole de sus planes.

Resulta que la soprano les contestó diciendo:

Si consiguen llegar a los Estados Unidos, tendrán las entradas para todas las actuaciones.

El poder de querer algo…

Las hermanas redujeron gastos al máximo y cuando sentían que iban a dejarse vencer, releían la respuesta de la soprano para tomar valor de nuevo y recuperaban la ilusión.

En 1926 lo consiguieron.

Llegaron a Nueva York, recogieron sus entradas gratis y asistieron, por fin, a la representación de La Traviata interpretada por Amelia Galli-Curci, a quien conocieron esa misma noche y con quien entablaron una estupenda amistad.

Así se introdujeron en el mundillo, conociendo a otras voces reconocidas de la ópera; y en 1934 fueron a Ámsterdam para ver al actuación de Viorica, siendo en ese viaje en el que conocieron a Mitia Mayer-Lismann, una mujer judía, que les contó la realidad de lo que ocurría con los judíos en Alemania y también en Austria.

Fue entonces cuando las hermanas decidieron tomar acción, aunque no tenían muy claro cómo podían hacerlo.

Un buen día, idearon todo un plan maestro junto con otros amigos de la ópera para sacar a los judíos que querían escapar de Alemania y a los que Gran Bretaña autorizaba la acogida temporal siempre y cuando tuvieran solvencia económica pero —porque siempre hay un «gran pero»—, los Nazis no les permitían salir con objetos de valor y/o dinero.

Ahhh pero no contaban con la astucia de este par de mujeres que estaban decididas a hacer cualquier cosa por ayudar a los judíos y salvarlos.

Con el apoyo de sus amigos de la ópera, contactaban con los judíos que deseaban escapar a Gran Bretaña y aunque no podían sacar el dinero, sí que podían convertirlo en pieles y joyas que las hermanas pasaban con ellas puestas al regresar a Londres tras la actuación a la que asistieran en Alemania.

Ellas no levantarían ningún tipo de sospecha, era mujeres que viajaban para disfrutar de la ópera y que salían de casa con lo justo para regresar llenas de cosas de valor como si fuesen princesas.

Incluso, tenían todo un sistema de paso por diferentes aduanas para no levantar ningún tipo de sospechas.

Una vez en Gran Bretaña, vendían todo y esto les permitía convertirse en garante financieros de los refugiados judíos.

Ida Cook y la novela romántica

Fue en 1936 cuando tuvieron un gran golpe de suerte porque Ida Cook consiguió firmar con la editorial Mills & Boon publicando así su primera novela romántica Wife to Christopher bajo el seudónimo de Mary Burchell.

Novela que fue un éxito total haciéndole dejar su puesto de trabajo en la Administración local y llevándole a dedicarse por completo a escribir novelas de ficción romántica.

Obtuvo grandes ingresos con los que ella y su hermana, pudieron ayudar a más judíos, incluso alquilando un piso franco para darles cobijo temporal.

Es difícil saber la cantidad de judíos que fueron salvados por Ida Cook y su hermana, debido a que, en algunas misiones, salvaron a familias enteras; pero se asegura que, hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, completaron con mucho éxito un total de 29 misiones.

Ida Cook, bajo el seudónimo Mary Burchell, escribió más de cien novelas románticas y, durante muchos años, fue presidenta de la Romantic Novelist’s Association; como Ida, en 1950 publicó su libro autobiográfico We followed our stars.

En 1965, como reconocimiento a su labor, las hermanas Cook recibieron el galardón de Justos entre las Naciones, entregado por el gobierno de Israel a aquellas personas que, sin ser de confesión o ascendencia judía, prestaron ayuda de manera altruista y singular a las víctimas, por su condición de judíos.

Tal como lo menciono en el boletín de noticias que sale mañana, para mí, el 8 de marzo «se trata de pensar en las mujeres que son fuertes y que van contra viento y marea persiguiendo sus sueños, luchando por los que aman, haciéndose notar un poco en medio de esta sociedad que desvirtúa lo que es la lucha por la igualdad»

Mujeres como Ida y su hermana Louise o como mi abuela (te hablo de su vida en el boletín de mañana si quieres saber más, suscríbete, más abajo tienes el botón) o como alguna de esas mujeres increíbles que de seguro conoces.

Mujeres que han dejado su huella en el mundo, en la historia, en cada uno de nosotros.

¡Feliz día, mujer!

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