¡Buen Día a todos!

Después de una justificada ausencia en el blog la semana pasada, debido a la gripe, antibióticos, conjuntivitis, reposo y etc., ya estoy de regreso, renovada y con muchas ganas de escribir.

Hace algunas semanas, les comentaba mi opinión sobre el uso del Lenguaje Erótico y el Uso de Jergas o Argots cuando escribimos nuestras novelas. Hoy, quiero escribirles sobre el uso de groserías o palabrotas dentro de nuestras historias.

Hace algún tiempo, en mis inicios en la escritura, me recomendaron leer un libro de Stephen King titulado «Mientras Escribo». En este libro, el autor nos narra cómo llegó a ser quien es hoy en día. Además, nos da tips de escritura que aún hoy, para mí, son inmensamente útiles.

Y hay una parte del libro en la que hace referencia al uso de las groserías en las novelas. Cuándo es correcto usarlas y cuándo no.

Recordemos que, en nuestro día a día, las groserías están muy presentes. Algunos las usan con más frecuencia que otros, pero casi todos los seres humanos, en nuestros diversos idiomas, hemos usado alguna vez una mala palabra. Inclusive aquellos que «nunca» se les escucha decirlas. Estoy segura, de que a más de uno, se le habrá escapado un ¡«Mierda!» o un «¡Coño!» en su debido momento… por nombrar las más comunes y menos impactantes.

No soy amiga de que el texto de la novela esté lleno de groserías porque eso lo lleva a ser vulgar, pero comparto lo que dice Stephen King que, de vez en cuando, son necesarias para dar credibilidad a la historia. Clic para tuitear

Recuerdo que él, ponía un ejemplo muy claro: Cuando estás en casa, te dispones a colocar un cuadro nuevo en la pared, coges un clavo y martillo y escoges el sitio en el que ira colgado el cuadro. Apoyas la punta del clavo en la pared y en la otra mano, ya el martillo está listo para darle golpes a la cabeza del clavo y resulta que el martillo, cae directamente en uno de tus dedos.

¿Qué dirías en ese momento? De seguro no va a ser «Auch». Lo que se te va a escapar de la boca en ese instante, va a ser un rosario de groserías muy completo, por cierto.

Imagínate que estás leyendo una novela en la que se presenta una escena como esa y el personaje en cuestión, solo emite un «Auch» en el momento del impacto del martillo en contra de su dedo.

¿Tú creerías una escena así? ¿No sería más real que tras el golpe, el personaje diga: «¡Mierda!»,  «¡Coño!» o «¡Joder!»?

Eso sería mucho más real.

Son momentos claves para el uso de estas palabras. Te pongo otro ejemplo que me vino a la cabeza después de leerlo en algunas novelas.

Una pareja está teniendo una discusión colosal. Gritos, insultos y todo lleva a un solo lugar: la ruptura de la relación.

¿Cuál es la frase más celebre? «Vete a la mierda». Es un clásico. Aunque, fácilmente se puede sustituir por: «Vete al infierno». Pero seamos honestos, no es igual.

La idea no es que se cree una escena con una retahíla de groserías, no, un par de ellas serán más que suficientes para darle credibilidad al momento. Teniendo siempre en cuenta el sitio clave para ponerlas. Un momento de mucha rabia, dolor, una pelea muy intensa —sobre todo si es entre hombres—, un susto repentino… cosas así. Y el sitio ideal para colocarlas —en mi opinión— es en los diálogos. Aunque, recientemente, leí una novela narrada en primera persona en la que la protagonista, lucha en contra de los sentimientos que poco a poco surgen hacia un hombre que de por sí, es dominante con ella. Y en una serie de cosas que él le indicó que debía hacer, ella cae en cuenta de que no puso mucha resistencia ante dichas peticiones y al final del texto, le dice al lector:

«Estaba bien jodida» 

Me reí mucho con aquella frase, porque usualmente, las mujeres decimos eso cuando nos damos cuenta de que estamos perdidamente enamoradas de un hombre. Sobre todo, de un hombre como ese. Y en este caso, no me pareció mal empleada a pesar de no estar dentro de un diálogo. Fue un pensamiento muy sincero de la protagonista que más de una, hemos tenido en la vida real.

Es algo con lo que el lector se siente identificado y que usa para conectar una novela —que aunque sea romántica, es ficción— con algún momento de su vida.

Así que el uso de las groserías, al parecer, está bien visto, siempre y cuando no sea excesivo y sirve para darle más credibilidad a una escena en particular o un diálogo determinado en la novela.

Aquí te dejo parte de lo que comenta Stephen King en su libro:

«Mi madre, que en paz descanse, no veía las palabrotas con buenos ojos. Decía que eran «el lenguaje de los ignorantes», pero eso no le impedía gritar «¡Joder!» cuando se le quemaba la carne o se daba un martillazo en una uña queriendo colgar un cuadro. Tampoco a la mayoría de la gente, cristiana o no, la inhibe de soltar algún exabrupto por el estilo (o peor) cuando les vomita el perro en la alfombra. Es importante decir la verdad (…) 

Si conoces a tu personaje también sabrás cuál de los dos usar, y nos enteraremos de algo sobre la persona que habla que la hará más viva e interesante.

A la Legión de la Decencia no le gustará la palabra «cagar», y puede que a ti tampoco mucho, pero hay veces en que no hay otra salida. Nunca se ha visto a un niño que vaya corriendo a ver a su madre y le diga que su hermana pequeña acaba de «defecar» en la bañera. Tendrá algún eufemismo a su disposición, pero mucho me temo que se le ocurra primero «cagar» (…)

La verdad, y que nadie se sorprenda, es que coincido con mi madre: los tacos y la vulgaridad son el lenguaje de la ignorancia y la limitación verbal. Al menos como regla general, porque hay excepciones, entre ellas ciertas palabrotas y aforismos muy pintorescos y con mucha fuerza»

 

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¿Te gustaría compartir otra escena en la que las groserías son necesarias? ¡Vamos! Escríbela, deja un comentario.

Gracias por leerme y compartir este post

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10 thoughts on “Groserías o Malas Palabras en nuestras novelas, ¿Cuándo debemos usarlas?”

  1. Hola, Jorge. Bienvenido al Blog!!! Gracias por leer el post y lo más importante: gracias por dejar tu opinión. Stephen King ha sido un gran maestro para mí con los consejos que nos da en "Mientras Escribo".
    Feliz inicio de Semana! 🙂

  2. Recuerdo que ahora estoy escribiendo una novela anti guerra, y claro, quería que el general fuese peor que el demonio. Al principio ponía groserías sin fin en sus intervenciones, aunque también hacía lo mismo con el resto de personajes, y debo decir que muchas gracias, porque tu artículo me ha salvado de dejar al lector caer en páginas llenas de groserías sin fin.

    1. ¡Hola, Uman! ¡Muchas gracias por leer y comentar en el post! Lamento el retraso de mi respuesta, pero estos días del año siempre son muy movidos 🙂
      Qué bien que el post te sirve para mejorar. Siempre que vayas a usar una groseria es mejor que pienses si en la vida real se usaría en ese contexto donde piensas meterla y que siempre sea en los diálogos para que se sientan más reales.
      ¡Miles de éxito con tu novela!
      Saludos.

  3. Tengo una idea para una novela.
    ¿Y que pasa si algunos de sus personajes viven o son de un entorno donde las malas palabras y las groserías son lo cotidiano? Ejemplos barrios «bajos» «barras de futbol», «mercado de verduras callejero»; para nadie es un secreto que la gente criada en dichos ambientes el lenguaje vulgar es practicamente «la regla».
    Saludos y muy bueno el post.

    1. ¡Hola, Osman! Ante todo, muchas gracias por leer y comentar en el post. Pues mira, mi opinión es que la novela siempre se adapte al entorno en el que se desarrolla. Eso sí, sin caer en excesos. Es decir, me parece bien que tus personajes sean según el entorno en el que los metes. No encajaría y se vería totalmente «plástico» un personaje de un barrio peligroso hablando con mucha educación porque no es lo que pasa en la vida real y los lectores siempre buscamos que los personajes literarios sean lo más reales posibles. Pero evita los excesos. Ya sabemos que el personaje es de un barrio, maneja el vocabulario y tono del barrio, no hace falta que en cada línea de sus diálogos diga vulgaridades porque eso podría cansar al lector.
      Es como cuando desarrollamos una novela en un país específico con personajes nacidos y criados allí y los ponemos a hablar como hablamos nosotros que estamos y pertenecemos a otro país. Un ejemplo fácil de esto es escribir una novela de Cowboys en donde el vaquero americano dice ¡Ostia! ¡Joder! y ¡Me cago en la madre! Eso es TERRIBLE porque Es el argot que usan en España que NADA tiene que ver con los vaqueros 🙂 Para esto habría que escribir en un español más general.
      Te recomiendo la lectura del libro de Stephen King; Mientras leo, ese que comento en el post porque su apartado sobre esto es muy bueno.
      ¡Saludos!

  4. A veces ocurre que no es tanto el ambientar una historia en un país que no es el nuestro como lo que ocurre al traducirlo con la jerga de aquí. Una prueba de ello es un personaje de un comic manga que grita «a tomar po’l culo, mamón». No queda descartado que en Francia, Canadá, etc, tengan también su jerga y que la gente joven que está todo el día en la calle y no presta atención pueda comerse alguna letra cuando hable.
    En una de mis novelas, dos niñas que se pusieron a discutir evitaban soltar exabruptos, pero se desahogaban con palabras inventadas; una de ellas hubiera querido decir «¡Y una mierda»!, aunque yo le hice decir «¡Y un lalari!», una palabra que no tiene sentido, pero añado en una nota de pie de página que se trata de una expresión a la que la niña recurre para no decir «mierda» y evitarse un castigo de un profesor que anduviera cerca y pudiera escucharle. Con esto queremos hacerlo realista más bien a través de los miedos y las inseguridades de esa niña, reflejando lo estricto que puede ser ese colegio.

    1. ¡Hola, Kiriel! Gracias por leer y comentar. La técnica de la palabra inventada es muy buena, aunque creo que, en ocasiones, hay que considerar la edad de las niñas y pensar si realmente, hoy en día, una niña hablaría así. Me atrevería a decir que es más probable que se muerda la lengua y no diga nada, antes que inventarse una palabra que sustituya la mala. Ten en cuenta que las malas palabras son como el tabú del lenguaje. A los niños se las prohibimos porque son «malas» y es por ello que cuando las dicen, dependiendo de la edad, lo toman como una travesura o como un reto. Es un tema denso, este de las groserías ja ja ja. Lo que sí es cierto es que son necesarias en el momento exacto para darle un toque de veracidad a los personajes y a la trama.
      Y con respecto a adaptarlo a la jerga de otros países, también creo que se puede hacer sin problema alguno porque esa expresión que tu indicas “a tomar po’l culo, mamón” debe tener su equivalente en otros idiomas 🙂 Por ejemplo, dentro del mismo castellano, en Venezuela, esa expresión podría sustituirse fácilmente por: ¡No me jodas más! ¡Te puedes ir a joder a otro! ¡Vete al grandísimo coño de tu madre! –Estarías diciendo lo mismo en otra jerga. Diferente caso es si tu personaje es Español y está en otro país. POr ejemplo, yo nací y crecí en Venezuela, hace cinco (casi 6) años que vivo en España, cuando estoy muy molesta es inevitable que hable con la jerga que he hablado toda mi vida y pobres los que están a mi al rededor que no me entienden jajajaja porque mis malas palabras son diferentes. En este caso, digamos que soy «la extranjera». Si tu personaje está en esa condición entonces sí, podría mantener la jerga española.
      Saludos.

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